Una vida feliz es una vida plena

Una vida feliz es una vida plena, que tiene sentido, es una vida interesante. Que motiva, que irradia, que da ganas de vivir y compartir. A lo largo de ese post, explicaremos en profundidad el significado o significados que comprende esa vida feliz, sin recetas mágicas, ni soluciones para todo el mundo. Lo que no significa que no haya puntos de encuentro comunes y verdades compartidas que nos ayuden a transitar conjuntamente por ese camino hacia la felicidad.

Pero, ¿qué es la felicidad?

La felicidad es un estado

La primera cosa que habrá que resolver es que la felicidad no es una emoción -al contrario de lo que se afirma en la wikipedia-. Una emoción seria la alegría, algo pasajero y efímero, que va y viene por minutos o horas. La felicidad, en cambio, es un fenómeno psicológico más duradero y estable. Se podría admitir, sin embargo, que en una vida feliz, la alegría es una emoción habitual o preferente. Por supuesto. Pero una vida feliz incluye todo el abanico emocional, inclusive las emociones llamadas negativas, como el enfado y la tristeza.

Sí, se puede ser feliz y enfadarse y llorar de vez en cuando. De hecho es inevitable no hacerlo. No seríamos humanos.

La felicidad es un estado, una condición; incluso se habla de la felicidad eterna, si fuese una emoción no podría ser eterna. Es un estado, pues, una condición en el cual uno está feliz. ¿Qué clase de estado? La felicidad se puede definir de una manera positiva y de una manera negativa, es decir, por lo que es y por lo que no es. Fundamentalmente lo que no es la felicidad es “perturbación”, estado alterado de la mente. Por ejemplo si una persona está agitada, preocupada, exaltada, eufórica, maníaca, eso no es felicidad. Ni que esté muy arriba ni que esté muy abajo: son estados contrarios a la felicidad porque la felicidad es un estado de no-perturbación, de no-intranquilidad, de paz, serenidad…

En ese sentido podríamos considerar el enamoramiento como un momento de felicidad, pero no es así. El enamoramiento es exaltación, euforia, provocada por un desequilibrio cerebral temporal. Podemos pensar que se trata de felicidad porque nos lo imaginamos como un estado permanente (la literatura romántica contribuye a esa creencia), pero ya que de permanente no tiene mucho, entonces viene la desilusión cuando cesa al cabo de unos meses o máximo dos o tres años. La felicidad, en cambio, es un estado de equilibrio cerebral que puede perdurar durante mucho más tiempo.

La felicidad en el fondo es un concepto más decepcionante de lo que se podría desear.

Una vida feliz es una vida plena (de sentido)

vida feliz es vida plenaEn latín “felicidad” proviene de “fertilidad” y “abundancia”. Es decir; plenitud, creatividad, todo aquello que llena un vacío. No falta nada y tampoco sobra nada. Es una cosa que está completa.

Vivir una vida feliz es vivir una vida plena. Es lo contrario de sentirse vacío, que lleva a la angustia y a menudo a la depresión. Algunas personas comen para llenar el estómago y así colmar la angustia, se trata de una forma sustitutoria al llenado existencial. Se llena con comida aquello que no se consigue llenar con sentido.

Y aquí entramos de lleno en la cuestión del sentido de la vida. En otro post hablamos de tres concepciones para el sentido de la vida: como sensación, como dirección y como significado. En otras palabras: el presente que vivimos y sentimos, el futuro que proyectamos y al cual nos dirigimos, y finalmente el significado de nuestro pasado, que nos dice quiénes somos, de dónde venimos. Tres sentidos a los que debemos responder:

  1. Presente: ¿nuestra vida satisface los sentidos? ¿Disfrutamos de nuestro día a día?
  2. Futuro: ¿Tenemos un proyecto de vida? ¿El horizonte que proyectamos está lleno o vacío?
  3. Pasado: ¿Tiene significado nuestra vida? ¿Podemos trazar una historia coherente de nuestra biografía?

Cuando la gente habla de vacío, a lo que a menudo se refiere es al vacío existencial, a la ausencia de sentido: ya sea como sensación, como dirección o como significado. En la medida que todas estas preguntas tienen respuesta, conseguimos el llenado, la plenitud, y entonces somos felices. El sentido existencial nos puede dar la felicidad. No dar como dar algo, sino como encontrarnos felices, como la persona que puede mirar su vida pasada y la encuentra coherente, significativa, y puede aceptar que se ha acabado y entonces siente que ha vivido una vida feliz.

La felicidad no se busca, se encuentra

La felicidad es un resultado. No se la puede buscar directamente, porque entonces se revela una carencia, algo que se desea porque no se tiene. Y esa carencia ya neutraliza de por sí la posibilidad de tener una vida feliz, pues la carencia provoca ausencia de plenitud. La felicidad debe ser un resultado pasivo, más que activo.

A menudo vienen pacientes a terapia buscando la felicidad. Pues mal planteamiento, les digo, porque el terapeuta no puede proporcionar la felicidad a nadie, ni siquiera a sí mismo. En todo caso sí podemos trabajar los diferentes conflictos vitales de la persona y encontrar modos de vida más coherentes con uno mismo. Y quién sabe si al cabo de un tiempo uno mira atrás y se da cuenta de su estado de plenitud.

La felicidad no se encuentra, nace, surge, y cuanto más la buscas menos la encuentras, la espantas, no se puede buscar, nace de dentro, de tu bienestar, por eso necesitas conformarte (adoptar la forma de aquello que tienes). Necesitas no desear aquello que está fuera de ti o que es más que tú.

Una vida feliz es una vida responsable

Asociamos persona responsable a persona aburrida, sobrecargada de obligaciones, que ha perdido esa capacidad de apasionarse por su alrededor, que ya no conecta con la alegría ni sabe sorprenderse, que ya no es espontánea ni sabe jugar. O sea, todo lo contrario del ideal de felicidad que se asocia a una supuesta alegría perpetua.

Pues bien, una vida feliz no se consigue sin plena responsabilidad ante ella.

Hemos dicho que la felicidad es resultado de una vida plena, coherente y con sentido, y que se trataba de un resultado pasivo. Lo que no significa que uno deba estar de brazos cruzados. Todo lo contrario. Debemos tomar la responsabilidad de llenar de sentido, y por lo tanto construir las condiciones para una vida feliz.

¿Disfruto mi día a día? ¿Gozo con lo que hago? ¿Estoy bien con mis relaciones?

¿Hacia dónde quiero ir? ¿En qué dirección? ¿Qué proyectos tengo?

y finalmente: ¿Quién soy? ¿Qué significado tiene mi vida?

Ser responsable es responder esas preguntas y comprometerse con sus respuestas. No se trata de respuestas que haya que encontrar escondidas en algún lugar. No están escondidas porque no existen. Hay que crearlas. Como ya dijimos en otra ocasión, la vida no tiene sentido en sí misma, somos nosotros la que le damos sentido en cada momento. Un sentido a nuestra medida y nuestras posibilidades.

Felicidad y deseo

Hay personas que buscan la felicidad a través de la satisfacción de deseos. Pero un deseo es siempre, por definición, algo que no existe. Si existiera no sería un deseo. El problema que tiene el deseo es la carga conativa que está enganchada al deseo, su plusvalía. Aquella parte desiderativa que hay en ese objetivo que una vez conseguido es inexistente.

vida feliz es vida fértilEs una gran fuente de perturbación. Porque hemos puesto la felicidad en una dimensión inexistente. Esperamos que esa cosa nos llene a nosotros, cuando somos nosotros quienes hemos de llenar esa cosa. La plenitud viene de dentro, no de fuera.

Cuando pones tu felicidad fuera, no te llenarás nunca. Y te vuelves insaciable. ¿Qué quiere decir insaciable? “In- satis” nunca tienes suficiente. Y de nunca tener suficiente es de donde viene la insatisfacción.

La satisfacción de deseos nos da placer, pero inmediatamente vuelve la insatisfacción porque el placer es efímero.

Hay palabras interesantes. “Disfrutar” viene de fruta. Es sacarle el jugo a la fruta. Tú disfrutas cuando le sacas el jugo a la fruta. Pero la fruta se agota, tiene un fin. Se acaba. Se destruye. Cuanto más pones la felicidad en lo material, más decepción trae. Porque en el mundo las cosas son finitas (a diferencia de los deseos inmateriales, como el conocimiento. En el post Deseo y necesidad en la sociedad de la abundancia hablamos de ello).

Los seres humanos estamos sujetos al deseo…a los animales no les pasa eso. El deseo pertenece al mundo de lo simbólico, al lenguaje, al pensamiento. El ser humano debe educarse para ser feliz, pero educarse a sí mismo. Es un aprendizaje.

Sin embargo, sí hay algo que podemos satisfacer, incluso deberíamos satisfacer para tener una vida feliz. Se trata de las necesidades, que, esas sí, compartimos con los demás animales.

Vivir feliz implica cubrir las necesidades

Las necesidades se satisfacen… si obviamente se saben satisfacer. No es tan sencillo. En nuestra condición de animales simbólicos, los humanos podemos confundir ambos conceptos, considerar algunos deseos como necesidades y a la inversa. A menudo, hay necesidades que renunciamos o rechazamos en verlas como deseos superfluos o amenazantes (como una chica anoréxica frente a la comida), mientras que podemos entregarnos a deseos que no corresponden para nada a necesidades objetivas (como la compulsión a comer de un chico bulímico con obesidad). Es sumamente importante diferenciar necesidades de deseos. No es una tarea simple, sin embargo, y menos en una sociedad consumista que busca confundir como estrategia de márquetin.

Entonces, el pasaje de cubrir una necesidad a un deseo, ¿de qué depende? De la satisfacción, de saber decir: ya tengo suficiente. Y también de detectar y cubrir adecuadamente necesidades básicas en uno mismo. Y eso es una cuestión de educación.

Cubrir todas las necesidades y poner un tope a los deseos.

En general, cuando los recursos superan las necesidades, como es el caso de nuestra sociedad, es la persona la que debe aprender a regularse, disciplinarse, porque ahí va su capacidad de lograr una vida feliz. Su bienestar en saber regularse.

 

Ser feliz implica aceptar limitaciones

A propósito de lo anterior, se entiende que una vida feliz lleva inscrita en su naturaleza la aceptación de las limitaciones. Limitaciones que no afecten a las necesidades básicas, por supuesto.

La felicidad la encuentras en ti, sale de ti. Pero para esto hay unas condiciones y la felicidad pasa más por limitar la ambición, la expectativa, el deseo. Darte por satisfecho siempre precisamente porque te satisfaces, nunca buscando lo que no hay, ni en el otro, ni en general ahí fuera.

vida feliz
En cuando a felicidad se refiere, la verdad no está ahí fuera

La verdad está ahí fuera, decía Fox Mulder en X-files. Pues en la cuestión de la felicidad, la verdad está sobre todo aquí dentro.

Con el otro podrás compartir momentos de felicidad, una vida de tranquilidad, plenitud… pero no debes pedir que sea él/ella que lo llene. O hipotecaras todas tus relaciones.

El tema de la insaciabilidad, de nunca tener suficiente: en la infancia es cuando ya se debe educar. Cuando un niño no se conforma con lo que tiene, es entonces cuando se le debe ayudar a conformarse. Otra palabra interesante: “conformar”: adoptar la forma: si tú no te adaptas a tu zapato o tu zapato no se adapta a ti, sufrirás si es más grande porque se caería y si es muy pequeño te hará daño. El niño (y el adulto) se debe adaptar a lo que tiene. A lo que hay.

En terapia siempre se llega a ese momento: lo que no se puede cambiar de uno mismo hay que aceptarlo, y así quedar en paz con uno mismo. Dejar de desear el cambio. Paradojalmente, eso abre las puertas a más cambios, como bien nos mostró Carl Rogers.

Felicidad implica renúncia y un cierto vaciado

A diferencia de nuestros antepasados, la sociedad actual rebosa de estímulos, proyectos, lecturas e investigaciones, novedades tecnológicas, interacciones sociales, oportunidades sexuales, cambios laborales, iniciativas de todo tipo, entretenimiento cada vez más estimulante. Es una sociedad saturada de inputs, como bien describió una paciente mia. O cansada, como le llamaría el filósofo coreano Byung-Chul Han. Cansada porque no cesa en su carrera hacia el logro y el rendimiento, hacia la positividad, hacia la velocidad y la intensidad vital. Un ritmo frenético autodisciplinado, que lleva inevitablemente a la extenuación y entonces al vacío más absoluto. Han habla de hiperactividad, de narcisismo, de frustración, y de depresión y suicidio. No parece pues una vía para lograr la felicidad.

La felicidad implica lentitud, ligereza y sencillez. Implica renunciar o incluso defenderse de la excesiva estimulación que nos inunda nuestro día a día. Ante tantos proyectos y oportunidades, escoger algunas y renunciar al resto. Ante tanta apertura social y entornos relacionales estimulantes, debemos acotar y profundizar, pues los vínculos interpersonales implican tiempo y estabilidad para afianzarse. Y ante tanta positividad, rescatar y legitimar las emociones y los sentimientos negativos, como la tristeza, el dolor, el duelo y la depresión, el enfado o la frustración. Darles un espacio propio, como partes de nosotros que están presentes y merecen su expresión.

 

(escrito basado en parte el seminario Diálogos sobre temas existenciales, de los psicólogos Manuel Villegas y Pilar Mallor, Barcelona 2016)

 

 

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