Miedos infantiles

“A estas alturas de mi vida, he llegado a ser un experto en miedos. Los he vivido, los he estudiado, y he soñado con la valentía como otros sueñan con el poder, la riqueza o la salud. De todas las emociones que amargan el corazón humano –y son muchas-, la gran familia de la angustia, la timidez, la inquietud, el terror, la vulnerabilidada, es la que más me ha preocupado, y tal experiencia me dice que no es un a rareza mía. El perspicaz Hobbes escribió una frase terrible, que podríamos repetir todos: “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo””.

Marina, J.A. (2006). Anatomía del miedo. Editorial Anagrama, Barcelona.

 

No nos podemos esconder del miedo. Nos viene incorporado ( del latín, in- corporis, es decir, hacia el interior del cuerpo, y nunca mejor dicho, porque el miedo es tan especial que sentimos que invade sin control el propio cuerpo). Es un mecanismo evolutivo que nos protege y nos ayuda a sobrevivir. El miedo nos avisa para huir de los animales grandes, de las alturas, de otras personas con actitud agresiva. Paradójicamente, esta emoción obscura y húmeda es un impulso vital.

Miedos evolutivos

Como conseqüencia de este mecanismo biológico que nos viene incorporado de serie, aparecen los miedos evolutivos. Los bebés lloran si se sienten solos o abandonados. Más adelante esos miedos infantiles toman formas más concretas, y hablamos de ansiedad de separación y su complemento, miedo a los extraños.

Posteriormente, aproximadamente a partir de los 2 años y medio, a medida que se desarrolla la capacidad simbólica y cognitiva, aparece el miedo a los monstruos, fantasmas, personajes de dibujos animados, y también a los animales…

A partir de los 6 o 7 años, los niños y las niñas van lentamente tomando consciencia de su humanidad, de su finitud, y aparece el miedo a la muerte de uno mismo o de los seres amados. También aparecen otros miedos, más vinculados al ámbito social (a la separación de los padres, por ejemplo) o miedos más específicos (heridas, sangre…)

Estos miedos evolutivos son universales, se manifiestan en diferentes grados, y con el tiempo se debilitan y desaparecen. Forman parte de la vida, del crecimiento. Excepto en aquellos casos donde se presenten de forma preeminente, o bien no evolucionen hacia formas más adecuadas para la edad, motivos por los cuales es aconsejable realizar un diagnóstico psicológico infantil.

Otros miedos

El temperamento también juega un papel importante en el desarrollo de los miedos: hay personas dotadas de una predisposición a buscar estímulos negativos, interpretar de manera pesimista los estímulos neutros, a autocentrar la atención… Son los aprensivos, los neuróticos, los rallados de la vida. Esas personas sufren y  viven en un mundo de ansiedades i preocupaciones. La ansiedad acorta su campo de mira, no pueden calibrar de manera objetiva el peligro, y preveen grandes catástrofes y desgracias. Aquí puede aparecer el miedo, un miedo impreciso, difuso, una alerta incansable esperando la madre de todas las calamidades.

Pero repito que es una predisposición, un factor que juega a favor del miedo, pero que no tiene por qué determinar el resultado de la partida. Las experiencias relacionales, los aprendizajes y los recursos que puedan encontrar esas personas se juntaran para dar lugar a un determinado y particular proyecto vital.

Si el miedo toma una forma determinada, lo clasificamos, le ponemos un nombre, a poder ser con raíz griega, y así domesticamos al monstruo. Hay un número ingente de miedos, debido a nuestra  capacidad simbólica , que activa el mecanismo del miedo, y lo eleva en el entramado de la psique utilizando la metáfora, la metonímia, las hipérboles… Por ejemplo, podemos encontrar la barofóbia, que es el miedo a la gravedad, o la lacanofóbia, que es el miedo a les verduras. La xilofóbia es el miedo a los objetos de madera… Aquí un enlace con un listado bastante exhaustivo: Listado de fobias.

La fobia social, el miedo a los otros, a que nos juzgan o nos abandonen, es una fobia específica muy incapacitante y penosa. La persona se retrae, se esconde cada vez más y más en la soledad de su madriguera.

Pero el miedo no siempre se puede cazar y enjaular en una palabra, en un término clasificatorio. Se puede mostrar disimulada, enmascarada debajo de formas no tan evidentes a una observación superficial, y se escabulle de este afán recaudatorio de ponerle un nombre y encasillarla, que es también una forma de conjurarla. Si lo nombro, el miedo no me espanta tanto.

 

 

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