La espiritualidad. Apuntes de psicología

que es la espiritualidad(fragmento traducido al castellano de nuestro libro Elogi de l’hort urbà, 2013)
La espiritualidad es una apertura. Una apertura a comprender el significado de la vida, a indagar en su misterio. Es una actitud de búsqueda del sentido de vivir. Decimos que una persona es espiritual cuando busca y afronta las grandes cuestiones que la vida plantea. Cuestiones que muchas veces no tienen respuestas definitivas, aunque no necesariamente queden sin respuesta (Solomon, R. C. , 2002)

La espiritualidad no es tan sólo una apertura en el pensamiento, es también un sentimento. Podemos afirmar que la espiritualidad es un conjunto de ideas y pensamientos sobre el significado de la vida, y a la vez también es los intensos sentimientos que suscitan en nosotros. Sentimientos profundos, siempre, y pensamientos intuitivos, más que racionales o intelectuales.

En ese sentido, pues, por su carácter intuitivo y vivencial, preguntarnos qué es la espiritualidad no agota el concepto. El lenguaje puede aproximarnos, nos puede indicar los primeros pasos, la dirección que toma, pero rápidamente nos encontramos navegando entre metáforas, intentando fluir entre expresiones cada vez más poéticas, más metafóricas. Cuando pretendemos describir qué nos ha ocurrido, nos excusamos con un “no sé”…, o un “es difícil de explicar…” Las frases quedan en suspenso, incompletas. ¿Afasia? ¿Estupefacción? De ningún modo, almenos no en el sentido patológico del término, concluye Compte-Sponville (2006). El pensamiento continúa siendo posible. La palabra continúa siendo posible. Simplemente han dejado de ser imprescindibles. Son momentos de paz, de armonía, de silencio… sentimientos de contemplación, de quietud interior…

Espiritualidad y trascendencia

La psicología transpersonal ha estudiado el concepto de espiritualidad, poniendo el énfasis en aquellas experiencias espirituales que llamamos de trascendencia (Walsh, R., Vaughan, F., 1993).

La transcendencia es una experiencia interior que se caracteriza por la expansión del yo, donde se amplifica el sentido de identidad y nos sentimos formando una unidad con el entorno; se trata de una vivencia que podríamos definir como un desprendimiento, una disolución, o también una dispersión de la consciencia; a la vez, se acompaña de un sentimiento de pertenencia y fusión con ese entorno, como si las fronteras de nuestra persona, aquello que se define i nos situa en el mundo, hubiesen dejado de existir, o fuesen tan amplias que englobasen el mundo exterior. El yo, así, supera los límites personales, o sea, nos trasciende, pudiendo llegar a abrazar aspectos de la humanidad, de la vida, de la naturaleza, o bien del cosmos, que anteriormente se experimentaban como ajenos.

Se trata de momentos intensos, donde nos sentimos abrigados, en un fluir denso, como nadando en la miel. No es un sentir siempre dulce, pero sí intenso y absorbente. Tanto que podemos no saber cierto donde empieza y donde acaba la propia persona. Los límites de la conciencia yoica se diluyen, nos sentimos expandidos. Y sentimos también el significado, en mayúsculas, el significado de la vida; que todo está vinculado y tiene un sentido.

Un viaje hacia el interior de uno mismo que, de manera paradójica, nos expande hacia el mundo exterior. Un mundo que ya no percibimos en sus diferentes partes, separadas entre sí, sino que constituyen un todo coherente, orgánico, del cual formamos parte. De ese modo, la percepción del espacio que nos separa del mundo, y que separa las cosas entre sí, se reduce; como consecuencia, también lo hace el tiempo, que vemos cómo se enlentece y se para. Aparece un sentimiento de paz, de silencio, de harmonía… difícil de explicar, porqué en este estado, como ya hemos advertido, el lenguaje va perdiendo los puntos de apoyo, y recorre a menudo a la analogía, a la metáfora, para poder comunicar aquello que se ha experimentado.

La transcendencia es una experiencia manifiestamente espiritual, que nos permite entrar en la dinámica profunda de la vida, a partir de la cual todas las cosas se atan y vuelven a atarse, y toman un sentido diríase sagrado. La trascendencia, nos aseguran los psicólogos transpersonales, no es un privilegio de unos cuantos, sino que es una experiencia propiamente humana, que nos permite descender a un nivel más profundo de nosotros mismos. Tampoco es siempre una vivencia absoluta, completa, sinó más bien efímera o huidiza, espontánea, o parcial. Algunas personas la experimentan a partir de doctrinas religiosas, otras lo consiguen al margen de estas; unas en solitario, oltras formando parte de un grupo; también puede sobrevenir realizando rituales concretos, pero no siempre es necesario.

Se trata de experiencias sencillas y a la vez profundas, que nos proporcionan sentido. Son sensaciones y vivencias difíciles de transmitir y relatar, como si el lenguaje se quedase medio camino y fuese insuficiente. En definitiva, experiencias internas, íntimas, que se resisten a ser descritas, pero que reivindican su legitimidad y razón de ser en el mundo frenético y ruidoso que nos rodea.

 

Referncias bibliográficas:

Compte-Sponville, A. (2006). L’ànima de l’Ateisme. Introducció a una espiritualitat sense Déu. Barcelona: Paidós

Solomon, R. C. (2002). Espiritualidad para escépticos. Meditaciones sobre el amor a la vida. Barcelona: Paidós.

Walsh, R., Vaughan, F. (1993). Trascender el ego. Barcelona: Kairós.

 

 

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