Cuando el dolor crónico condiciona la vida en pareja

La experiencia del dolor crónico condiciona todos o prácticamente todos los ámbitos de la persona que lo sufre. Uno de estos ámbitos es sin duda el de la pareja.

dolor crónico en parejaEn algunas ocasiones, nos explica la psicóloga Jenny Moix (2006), el dolor crónico actúa modificando la estructura de la pareja, cuando éste se convierte en el centro de gravedad. El dolor acaba formando parte de todas las conversaciones, y los roles de cada uno de los miembros de la pareja pasan a definirse también exclusivamente a partir del dolor, cuando emerge la figura del cuidador y la de la persona cuidada.

En ese tipo de estructuras de pareja, que en teoria aparecen para hacer frente al dolor incapacitante de uno de sus miembros, acaba paradójicamente por contribuir al aumento del mismo dolor crónico, a parte de poner la pareja en crisis. Determinados cuidados pueden refozar la conducta del dolor, en parte a causa de un mecanismo psicológico inconsciente de refuerzo condicionado. Cuando una conducta va seguida de un refuerzo (estímulo positivo, o sea, una cosa que nos gusta) la conducta concreta tiende a aumentar. Se trata de un mecanismo com hemos dicho inconsciente, automático, corporal podríamos afirmar, muy primitivo evolutivamente hablando, presente a gran parte de los seres vivos. En el caso concreto del dolor crónico, las conductas de cuidado y las atenciones recibidas pueden reforzar las quejas y conductas demandantes derivadas del dolor, o incluso aumentar la misma percepción del dolor.

Eso no sinifica que las personas que sufren dolor crónico se quejan conscientmente para obtener más atenciones o cuidados. No hay premeditación por parte suya, advierte Moix (2006). Al menos no de forma plenamente voluntaria, añadiria yo; porqué recordemos que el inconsciente es un mundo muy vasto, y lleno de contradicciones, donde la voluntat en certo modo también está presente.

Cómo incidir en el dolor crónico desde la relación de pareja

El resultado, en definitiva, acaba siendo un aprendizaje mecanico del dolor, prácticamente fuera del alcance de nuestra voluntad, pero que podemos incidir para desaprendrelo. A continuación exponemos cuatro pautas que nos pueden ayudar a prevenir o revertir esta situación:

1. En primer lugar, la persona que ocupa el rol de cuidadora debe seguir prestando atención a las conductas del dolor de la persona cuidada, però mirando de no olvidar ni descuidar otras conductes, actitudes, conversaciones, demandas, que apunten a direcciones alternativas. La persona cuidadora se puede sentir desbordada, y puede priorizar o focalitzar su energía en atender las conductas del dolor. Es una actitud lógica, pero errónea, porqué como hemos visto puede acabar reforzando el mismo dolor.

2. En segundo lugar, la persona que recibe los cuidados debe permitirse salir de vez en cuando del rol incapacitante y negativo derivado de la experiencia dolorosa. A menudo uno se puede divertir, y no sentir vergüenza o culpa por el hecho de expresar momentos de alegría y goce, pprqué no hay nada más terapéutico para el mismo dolor que permitirse estos momentos revitalitzadores. El dolor está allá, eso ya lo sabemos, pero dejémosle en segundo planotanto tiempo como sea posible. I así como uno se puede divertir, también puede exercer periódicamente un rol más activo, propositivo, de responsabilidad. Sentir que, a pesar del dolor crónico, uno aún es capaz de gestionar aspectos de la propia vida. Aviso aquí a la persona cuidadora, que no se exceda en el cuidado y el proteccionismo.

3. En tercer lugar, poner atención a las necessidades de la persona cuidadora, la gran olvidada en ese tipo de relaciones de pareja tan asimétricas. Muy a menudo, el que cuida acaba encerrándose en su propio rol de persona fuerte, generadora de recursos, capaz de gestionar esta situación y cualquiera otra que pueda plantearse. Pero a la vez es un rol que la mantiene atrapada, sin posibilidades de expresar debilidades, cansancio, preocupaciones o tristeza. Imaginemos qué sola y aislada se puede sentir una persona cuidadora cuando decide no compartir sus propios problemas para no añadir aún más dolor y sufrimiento a la pareja!

4. En cuarto lugar, y derivado del anterior punto, la persona cuidada puede dar la vuelta a su propio rol, aunque sea muy de vez en cuando, convirtiendose en cuidadora de la pareja. Descentrarse de sí misma, abrirse al otro, escucharse, compartir su mundo interno. Puede resultar paradójico sugerir este rol a una persona víctima del dolor crónico, que muy a menudo no siente fuerza ni capacidad para cuidarse de sí misma. Pero como muchas otras paradojas en psicología, resulta en muchos casos una buena manera de romper el círculo vicioso que se ha ido creando, y desaprender conductas y actitudes que no hacen más que reforzar el dolor.

El dolor crónico condiciona las relaciones, entre ellas la relación de pareja. Le mete presión, hemos visto, hasta puede alterar su estructura. En el presente post, hemos considerado aquéllos casos dond el dolor conforma un campo gravitatorio tal que rompe la simetría de la pareja, y origina los roles asimétricos de cuidador y cuidado. Una asimetría deficitaria que puede perjudicar la calidad de vida en pareja, y actuar negativamente en el curso del mismo transtorno doloroso. Incidir en este patrón relacional puede mejorar la situación, en la relación de pareja y en el mismo dolor crónico, y así recuperar bienestar, tan frágil y costoso de mantener cuando el dolor crónico hace aparición y pugna para ocupar la centralidad de nuestra vida cotidiana.

 

Referencias bibliográficas:

Moix, Jenny (2006). Cara a cara con tu dolor. Técnicas y estrategias para reducir el dolor crónico. Barcelona: Paidós.

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