Narcisismo y autoestima. Dos estimas opuestas


Narcisismo y autoestima buscan ambas la legitimación del ser. En ese sentido parecen entidades o mecanismos cercanos, aunque difieren en lo esencial: mientras que el mecanismo narcisista busca la legitimación de la persona a través de la buena imagen, ya sea la propia imagen o la imagen social, la autoestima, entendida como ontológica, es incondicionada, no sujeta a ninguna imagen e incluso a pesar de ella: me amo simplemente porque existo, aunque sea una persona considerada fea, aunque me encuentre en paro, aunque me haya abandonado la pareja o inclusive haya cometido errores importantes en mi vida.

Así, pues, narcisismo y autoestima parten de principios diferentes, diríamos que incluso opuestos.

Para la elaboración del post, me he basado en los artículos de los psicólogos Manuel Villegas y Pilar Mallor El narcisismo y sus modalidades (2012) y Estima ontológica, estima narcisista (2015) , así como en mi propio artículo El Bueno, el Malo y el Soñador. Narcisismo elusivo y autoestima (2015), publicados en la Revista de Psicoterapia.

narcisismo y autoestima diferencias

 

Narcisismo y autoestima, dos en uno

La palabra autoestima significa obviamente estima hacia uno mismo. Por eso el término “auto”, porque se trata de uno consigo mismo, sin la intervención de los demás.

¿Pero qué significa este “sí mismo”? Con el “sí mismo” nos referimos al Ser que somos, al hecho de existir, sin más adjetivos. No nos amamos porque somos guapos o feos, capaces o inútiles, válidos o inválidos. Nos amamos porque sí. Sin comparaciones, sin aributos, sin juicios de valor

La autoestima es entonces una estima incondicional. Si la autoestima requiriese una condición, esa sería la existencia. Pero eso ya lo damos por supuesto, ¿verdad?

Hablamos de respeto hacia uno mismo, y de derechos, también. Empezando por el derecho a existir. Derecho a satisfacer nuestras necesidades vitales, y derecho al reconocimiento social de estas necesidades. Y entre estos derechos, el derecho a cometer errores o a no corresponder a una buena imagen social (en relación a los derechos asertivos, leer el post Test de Asertividad).

Cuando hablamos del significado de autoestima, también y sobretodo nos referimos a la acción de conocerse a uno mismo, de comprenderse: “comprender no implica ser condescendente o indulgente con uno mismo y la propia conducta, sinó entender cómo funcionamos para poder aprender a regularnos de forma más adaptativa a nuestras necesidades y las de los demás” (Villegas y Mallor, 2015).

Conocernos para cuidarnos adecuadamente: “La autoestima exige la actitud y la responsabilidad de cuidarse a uno mismo; implica proporcionarse los bienes necesarios para la propia subsistencia y bienestar, así como protegerse de los males y los peligros que pueden atentar contra la propia vida o la salud, tanto física como psíquica” (Villegas y Mallor, 2015).

La autoestima, sin embargo, no es la única estima que sentimos o podemos sentir reflexivamente. A veces nos estimamos porque hemos conseguido un reconocimiento profesional, hemos sido capaces de tirar adelante una familia, hemos conseguido acumular un buen patrimonio, o simplemente nos valoramos porque tenemos muchos amigos en el Facebook. Se trata de estimas variadas, en cierto modo también “auto”, però de naturaleza muy diferente. Cada uno en su orden de prioridades y valores, pero eso sí, siempre se trata de una estima condicionada. Condicionada a un determinado éxito personal o social.

narcisismo y autoestima diferenciaPero este no es el verdadero significado de autoestima. Más bien se trata de estima especular o narcisista. A continuación lo explicamos.

De pequeños aprendemos a vernos en perspectiva, a través de la mirada del otro, que después interiorizamos y convertimos en propia. Ningún otro animal es capaz de hacerlo, tan solo los humanos, al menos de esa forma tan intensa y permanente, y de forma simbólica, o sea, atravesada por el lenguaje. Nos vemos a nosotros mismos como si fuese a través de un espejo, y así inevitablement nacen las propias valoraciones. Unos se valoran sobre todo a partir dels sus atributos físicos, la belleza, la fuerza, la resistencia física, otros se fijan más en atributos intelectuales, el rendimiento académico, el ascenso profesional. Otros, en cambio, valoran los propios éxitos interpersonales, la familia, los amigos que han sido capaces de sumar. Y la mayoría de la gente pues un poco de todo, así mezclado.

Y de esa mirada hacia uno mismo resulta una valoración, y una estima. Amamos (u odiamos) esa imagen que hemos creado. Cuando nos hacemos viejos y desaparece  progresivamente nuestra belleza y nuestro vigor corporal, entonces perdemos la imagen joven que tanto amábamos. Cuando suspendemos un exámen que habíamos preparado con esfuerzo y dedicación, entonces se esfuma aquella imagen de persona inteligente que nos gustaba de ver en nosotros mismos y mostrar a los demás. La estima, así, puede pasar al odio, al rechazo. Que es rechazo hacia nosotros mismos.

Dos en uno, entonces. Dos estimas en una sola y misma persona, un de carácter incondicional, que nosotros llamamos autoestima, y otra estima que proviene de esa mirada valorativa y sometida a los vaivenes de nuestra imagen. Pero no nos confundamos, no se trata de buenos y malos, o de mejores y peores. Tan necesaria o inevitable es la autoestima ontológica como la estima especular. Recordemos que la capacidad de vernos en perspectiva, la imagen de sí, es propia de los humanos, y esta imagen -simbólica- lleva siempre necesariamente una valoración. Sin embargo, el peso relativo que tenga esta valoración en la persona, y la flexibilidad de la mirada reflexiva, incidirán en el desarrollo o no de un trastorno narcisista de la personalidad.

 

Narcisismo como atrapamiento

Algunas personas, es cierto, tienen una imagen de sí expandida, grandiosa, que sobrevuela por encima de los demás. Una imagen que, muy a menudo, parece incondicionada, como si se tratase de autoestima. Es una imagen imbatible. Hagan lo que hagan, pase lo que pase, nunca se sienten perdedores. En estos casos hablamos de narcisismo. Podría parecer autoestima, pero no lo es. La autoestima no necesita comparaciones, ni superior ni inferior. Simplement es. Es humilde por definición. Tiene suficiente con existir. El narcisismo, en cambio, es competitivo, debe sobresalir. Uno vale y es merecedor de estima si sobresale. Porque es una estima fruto de la propia imagen. Y recordemos, la imagen es siempre una mirada del otro, aliena, que se ha interiorizado.

En realidad, el narcisista, la persona que ha quedado obcecada por la propia imagen, puede no tener autoestima. Si la tuviera, la imagen no seria esencial para ella. Seria importante, claro, porque la imagen es importante y se tiene que cuidar, atender, como humanos que somos. Pero no debería ser fuente exclusiva o prioritaria de valor. Mas bien lo contrario, una persona con buena autoestima su estima especular tendería a reducirse de forma destacada.

El narcisista, pues, se aferra rígidamente a una imagen sobrevalorada porque no tiene alternativa. Renunciar a su imagen le supondría caer en una depresión. Toda terapia de narcisismo debe tener en cuenta ese riesgo, y debe cuidar con especial sensibilidad no rebajar la imagen engrandecida de forma acelerada.

Narcisismo y autoestima podrían considerarse, pues, entidades mútuamente excluyentes. El atrapamiento narcisista sería así un síntoma de ausencia de autoestima, aunque lo contrario no debería ser necesariamente correcto. Es decir, la ausencia de autoestima no se compensaría siempre con valía narcisista, pues la persona podría no sentir valía ni legitimidad propia, caso de la dependencia emocional.

 

La autoestima en la infancia

Para seguir profundizando en las similitudes y diferencias entre narcisismo y autoestima, debemos ir al origen de la autoestima. Eso es, en la infancia, en los cuidados que recibe el bebé, la atención que se le presta, la interacción y el vínculo que se crea con las figuras de apego. En esa etapa tan temprana, los adultos nos dedicamos a cubrir las necesidades del bebé, tanto las necesidades de tipo material como las afectivas. Porqué el bebé no sabe todavía qué le pasa, qué necesita, ni sabe identificar ni regular las emociones que siente. Es un todo espontáneo, impulsivo, desbordante. El miedo puede convertirse en el pánico más terrorífico, la rabia en odio destructivo, o la alegría en una explosión desbordante que apasiona los que le rodean. O cuando siente hambre, dolor, frío o calor… no sabe qué son, las expresa y ya está.

narcisismo y autoestima ontológicaAl principio, pues, el cuerpo y las emociones son percibidos por el bebé como una serie de entidades fragmentadas, inconexas, que poco a poco son integradas en una noción de completud, que sienta las bases de la formación del yo. Se trata de un proceso de diferenciación e individuación que requiere una mirada externa, un espejo real pero sobretodo metafórico que refleje la imagen del bebé y le ayude a identificar e integrar sus diferentes partes. Una mirada que es la de la madre, el padre, los abuelos y hermanos, que es por lo tanto una mirada subjetiva, que da sentido, que interpreta, pero que mantiene o debe mantener una equivalencia o isomorfismo entre lo que el bebé siente, vive o experimenta, y el reflejo que recibe de ellos. Una mirada que debe saber reconocer, y que por lo tanto devuelva al bebé un reflejo que le ayude a reconocerse como tal.

Wilfred Bion habló en cierto modo de este fenómeno a través del concepto de la reverie, que definió como la capacidad de la madre de devolverle al bebé su experiencia emocional directa, sin metabolizar, en forma de pensamientos o gestos que la contuviesen y pudieran ser incorporados por su hijo. Se trata siempre de un retorno, fruto de la mirada del otro. “Me miran, entonces existo”, dijo Jean Paul Sartre en Los caminos de la libertad II (1945).

Sin embargo, algunos progenitores no consiguen establecer con sus hijos esa mirada isomórfica: por falta de tiempo, interés, o por falta de habilidades. También los pueden rechazar, en el sentido emocional del término, aunque por otro lado les proporcionen los mejores cuidados materiales. O bien les pueden sobreproteger, que sería también negativo, dado que no les estarían legitimando en su propia capacidad de afrontar las frustraciones y las dificultades en general (Villegas, 2011). Finalmente, también se puede producir un patrón de cuidados que combinen los mecanismos deficitarios anteriores: por ejemplo, progenitores que por falta de tiempo no atienden de forma adecuada a su hijo, y que cuando lo pueden hacer se aboquen de forma sobreprotectora o sobrevalorizante, a través de una mirada acrecentada e idealizada, como si quisieran compensar el tiempo perdido. Una polarización en la atención que también puede dificultar el reflejo del que hablábamos, y condicionar negativamente la formación de la autoestima.

Narcisismo y reflejo especular

Nos preguntamos por la diferencia entre narcisismo y autoestima. Pues bien, de entrada autoestima, el amor a sí mismo, implica reconocimiento de sí, pues sólo se puede amar aquello que se re-conoce. La cuestión, sin embargo, es que la persona narcisista, como Narciso, no se conoce a sí mismo, sino que precisa del reconocimiento especular, de lo que los otros reflejan (Villegas y Mallor, 2012). El narcisismo es así una búsqueda permanente, sin descanso, que persigue el reflejo validante. La mirada de la persona  narcisista está profundamente distorsionada, sus emociones, sus motivaciones, sus necesidades, no son recogidas por su propia mirada, no se ven reflejadas adecuadamente, pues a menudo tampoco serían aceptadas por sí mismo, pues no correspondarían a la imagen ideal.

Se dice que el narcisista es aquél enamorado de sí mismo. Estrictamente, está enamorado de su reflejo, o mejor dicho, de un reflejo de sí idealizado. Cuando la persona narcisista mira a su interior, ve deseo. El deseo ha inundado su ser. Deseo de esa imagen que no es él, pues se desea aquell que no se tiene. Conocerse y reconocerse implica amarse, no desearse.

En busca de la autoestima perdida

narcisismo y autoestimaLa cuestión es que la autoestima, la validación ontológica, está dentro de cada uno de nosotros, es auto. No se puede hallar fuera, o muy difícilmente, ya que procede de uno mismo. Muchas personas, en ese sentido, buscan desesperadamente quererse a sí mismas haciendo cosas para los demás, o bien realizan proezas para ser admiradas, u ostentan para ser deseadas. Piensan que así se podrán llenar, de fuera para dentro. Pero la autoestima es terca, y obstinada, y se resiste a entrar (al igual que la felicidad).

A pesar de todo, hemos visto que hay un momento en nuestras vidas que la formación de la autoestima depende mayormente del entorno. Y este momento es la infancia, los primeros años de vida y también posteriormente. Con los cuidados, la atención, el reconocimiento, por parte de la madre, el padre, los abuelos y los hermanos, y los cuidadores en general. Por ese motivo tanta gente sigue buscando fuera lo que no recibió de forma suficiente cuando eran pequeños, no lo recibieron o no les supieron transmitir. Pero no hay que olvidar del significado de  autoestima en la vida de un niño o una niña, muy dependiente como es esperable de su entorno familiar, en contraste con el adulto.

Por ese motivo, la terapia del narcisismo parte de ese reconocimiento, como no podría ser de otro modo, pero a través de un reflejo isomórfico. Ni eres tan grande ni tan pequeño. Ni tan bueno ni tan malo. Ni tan capaz ni tan inútil. Un reflejo que ayuda a reconocerse, que valida pero desde el realismo, la proporción, la congruencia. Un reflejo que frustra un poquito, pero que también apoya otro poquito, que nivela, que estabiliza, que crea autoestima. Y a la vez, la terapia del narcisismo debe trabajar desde la socionomía, forjar una mirada empática hacia el otro. Un otro hasta ahora objeto de deseo y utilizado como tal, pero que debe tender a ser percibido y tratado como sujeto. La intensidad de uno u otro trabajo terapéutico dependerá en gran medida del carácter aristocrático, meritocrático y plutocrático del trastorno. Es decir, de la naturaleza de su reflejo, preferentemente validante en el primero, pero mayormente invalidante en los segundos.


Si tenéis curiosidad, podéis hacer online el test de autoestima de Rosenberg, el más utilizado en la actualidad. En la descripción del test hacemos una breve crítica relativo a lo que hemos explicado en el presente post: sus resultados pueden enmascarar un falso positivo de narcisismo.