¿Eres eyaculador precoz? Hay que contextualizar

Eyaculador precozSe considera que un hombre es eyaculador precoz cuando tiene una falta de control del reflejo eyaculatorio durante la relación sexual. Representa uno de los trastornos sexuales masculinos con más prevalencia, y es una de las demandas de terapia más frecuentes.

En el transcurso de la relación sexual, el hombre experimenta un aumento progresivo de la excitación, hasta alcanzar la fase que se conoce como «altiplano», más o menos larga, donde se experimenta placer moderado, hasta que se alcalza el orgasmo de forma voluntaria. El eyaculador precoz tiene en principio dificultades para alargar la fase de altiplano, ya que experimenta una rápida excitación y un desencadenamiento automático del orgasmo. En muchos casos, la eyaculación precoz es causada por motivos psicológicos, como pueden ser la ansiedad, la tensión, el estrés, la hipervigilancia, etc. En pocas ocasiones se debe a un trastorno anatómico o fisiológico (cuando es así, puede ser debido a prostatitis, disfuncion de la tiroides, o como efecto secundario de determinados fármacos antidepresivos o antihipertensivos).

De todos modos, aquí queremos puntualizar que la respuesta sexual masculina, a diferencia de la femenina, está orientada biológicamente a la descarga, hecho que predispone de forma natural a adelantarse a la femenina. Este hecho parece casi un despropósito de la naturaleza, un desencuentro biológicamente preparado. Debería llevarnos a una profunda reflexión sobre la misma naturaleza de la sexualidad humana, por qué hombres y mujeres tenemos respuestas sexuales tan distintas. Un debate interesantísimo que aquí no vamos a abordar, pero sí trataremos de resolver la cuestión sobre qué consideramos patológico y qué no, cuando hablamos de un hombre eyaculador precoz, dónde están los límites de la normalidad, y cómo está influyendo el cambio cultural en la interpretación del fenómeno.

 

Eyaculador precoz… ¿precoz respecto de qué?

Se considera que la eyaculación precoz afecta entre un 30 y un 40% de los hombres, y en los casos más graves la eyaculación se produce antes de la penetración o pocos segundos después. A pesar de su alta prevalencia, o puede que por ese motivo, es un concepto con fronteras difusas. ¿Tiene sentido hablar de trastorno cuando lo uno de cada tres hombres es eyaculador precoz? Por otro lado, qué es ser precoz y qué no lo es? «Precoz» respecto de qué? Pues no hay consenso en la comunidad médica.

Algunos autores proponen establecer un período de tiempo, a contar a partir de la penetración, entre un máximo de 1 y 7 minutos, a partir de los cuales ya no sería considerado eyaculador precoz. Otros autores lo calculan por movimientos, máximos entre 8 y 15, a partir de los cuales ya no sería precoz (Cabello, 2010). Unos terceros, siguiendo la Clasificación de Trastornos Mentales CIE-10, consideran (consideramos) que la eyaculación precoz es la incapacidad de controlar la aparición de la eyaculación durante el tiempo necesario para que ambos participantes disfruten de la relación sexual. En una línea parecida lo hicieron Masters y Johnson (1970), cuando definieron este trastorno como la incapacidad de retrasar el reflejo eyaculatorio durante la penetración el tiempo suficiente para satisfer a la pareja en un 50% de los contactos sexuales.

Diferentes definiciones, pero quizás tan sólo dos líneas a distinguir. Los que consideran el problema desde el punto de vista individual, personal, y los que lo estudian en su conjunto, inserido en la pareja. En este segundo caso, consideraríamos que un eyaculación es «precoz» sólo cuando afecta al placer mutuo en una relación sexual y provoca una crisis de pareja.

Es interesante enfocar el tema desde una perspectiva histórica. Antes, y no hablamos de muchos años atrás, la rapidez eyaculatoria era considerada sinónimo de potencia sexual, un atributo masculino entonces motivo de orgullo. Por otro lado, en este mismo pasado, no se consideraban tampoco los derechos sexuales de las mujeres, que difícilmente podian alegrarse de unas relaciones sexuales tan breves, a menos que esas fuesen dolorosas, cosa tampoco muy infrecuente.

Lo que nos enseña esa lectura histórica es que el trastorno de eyaculación precoz es relativo, y sólo toma sentido en una relación sexual compartida donde se tengan en cuenta los derechos de los participantes. La precocidad es sobretodo en relación al otro, a su placer, a sus derechos en el goce sexual.

 

Un caso de eyaculador precoz

Ferran es un chico de 19 años que consulta por eyaculación precoz de un año de duración, desde que mantiene relaciones sexuales frecuentes con su actual pareja. Está muy preocupado, porqué en la mayoría de las relaciones sexuales la chica no llega al orgasmo. Ha contado el tiempo de duración durante la penetración, y afirma que son entre 3 y 6 minutos, insuficiente para dar tiempo a su pareja de llegar al orgasmo. Ha buscado por internet mil y una técnicas, pero le han servido de poco. Cuando seguimos con la entrevista, aflora una relación sexual pobre, sin juego, excesivamente focalizada a la penetración. Durante el coito, tampoco se produce estimulación del clítoris. En este punto, le explicamos que alrededor de un 70% de las mujeres no llegan habitualmente al orgasmo durante el coito si no se estimula su clítoris. Se queda sorprendido. 

Este caso pone sobre la mesa un aspecto muy relevante: la eyaculación precoz, a parte de ser un trastorno individual, se experimenta y toma sentido en un contexto de pareja. Un contexto relacional que no podemos obviar, porqué cómo hemos visto anteriormente, es este contexto el que nos define el significado de lo que es precoz y de lo que no lo es. Por tanto, sí que podemos y debemos aplicar diferentes técnicas conductuales para retrasar la eyaculación (por ejemplo, evitar posturas que requieran tensión muscular, aprender a detectar el instante antes del desencadenamiento del orgasmo para hacer una pausa, y otras técnicas que nos reservamos para un posterior post), pero teniendo muy presente que toda terapia para resolver la eyaculación precoz debe considerar el conjunto, la relación sexual.

Como en el caso que hemos descrito, no nos podemos quedar (ni obsesionar) en los segundos de duración durante la penetración, o en el número de movimentos pelvianos antes de eyacular. Porque en el fondo eso no es lo importante, ni tampoco lo imprescindible en una relación sexual. Como podemos observar en el caso expuesto, se produce la siguiente paradoja: para no quedar mal con la pareja, el chico acaba atrapado en una posición excesivamente egocentrada, pendiente de forma exclusiva de su conducta sexual, sin empatizar realmente con la pareja ni observar las oportunidades sexuales que tiene enfrente. Lo esencial, pues, es el plaer y el goce compartido, el juego entre dos (o más), y para llegar a ese objetivo ser «eyaculador precoz», ahora entre comillas, no debería ser un impedimento. En todo caso sí un factor a tratar en terapia de cara a mejorar aún más la relación sexual.

 

Referencias bibliograficas:

Cabello, F. (2010). Manual de terapia sexual y de pareja. Madrid: Síntesis.

Masters, W. H. i Johnson, V.E. (1970). Incompatibilidad sexual humana. Buenos Aires: Intermédica.

 

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